El viejo en adidas y mi mamá.

Al parecer el viejo en adidas, más conocido como Fidel Castro, sigue vivo, aunque no me parece que tan campante. Y hasta sigue opinando.

Ahora resulta que, como siempre, los demás son los malos, los culpables de todo lo que sucede en Cuba, si de eso se tratara, ya en Cuba se habría alcanzado la perfección, dada la enorme cantidad de gente mala que han removido del poder, fusilado, mandado para sus casas y en fin, TRONADO.

No defiendo a nadie, porque ninguno de los tronados me parece digno de respeto, complices como fueron de esta larga e infinita tortura que ha destrozado la vida de varias generaciones de cubanos. Pero es curioso como ,cada cierto tiempo, los que fueron ya no son y con esas “medidas” pretenden que los cubanos creamos que algo va a ir mejor.

Como dirían aca: bullshit.

Mi mamá creyó fervientemente en Fidel Castro durante muchos años de la Revolución y mi hermano y yo fuimos criados creyendo que deberíamos ser como el Che.

Que chiste.

Leo opiniones de todos tipos en los blogs defendiendo la Revolución cubana, desde luego, escritas en su inmensa mayoría por personas que no son cubanos ni saben, realmente, de que hablan.

Porque los cubanos sí que sabemos. Sí que sabemos.

Y una de las principales cosas que no puedo perdonarle a ese viejo asqueroso es la vida que le ha dado a los otros pobres viejos de mi país.

Porque mi mamá trabajó toda su vida, graduada de la Universidad de La Habana como contadora publica, dedicó todo su esfuerzo y talento, que le sobra, a trabajar durante incontables años de forma brillante como economista, especialista en análisis estadísticos y muchos roles mas que le deparó la vida. Y al final, cuando al fin se retiró, se encontró con que recibía 171.23 pesos de pensión y descubrió que su dinero y mierda eran lo mismo.

Descubrió, como tantos otros pobres, pobres viejos de Cuba, que después de toda una vida de trabajo su dinero no les alcanzaba para comer, ni para vestirse, ni para bañarse.

Pero vieja invencible que es, se dedicó a vender libros de uso en los bajos de la casa, para poderse ganar su sustento y no depender tanto de los hijos, que por su parte, habían abandonado sus profesiones para dedicarse a cualquier cosa que pudiera comprar comida.

Gracias al ” imperio”, mi mamá tiene una vida digna ahora, recibe dinero suficiente para tener internet, un apartamento para ella sola, comida y una calidad de vida que nunca disfrutó mientras trabajaba y mucho menos despues de retirarse.

Y eso es algo que no le puedo perdonar a ese viejo cabrón en adidas: los pobres, pobres, viejos de Cuba, que andan por las esquinas vendiendo maní, periódicos, rositas de maiz, o muriendo lentamente en sus casas, indignos, dependiendo de sus hijos o vecinos, para poder comer.

Eso no tiene perdón.

Y los cubanos sabemos.

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Un pensamiento en “El viejo en adidas y mi mamá.

  1. Un escrito conmovedor! Esos viejos cubanos no tienen ni siquiera la esperanza de un futuro mejor!
    Como tu dices, lo que han hecho es acomodar las piezas para perpetuarse en el poder. En fin.

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