Recuerdos trascendentales.

 Dicen que cuando la gente está ahí, a un milisegundo de colgar el paraguas, guindar el piojo o en otras palabras, morirse, se acuerdan así, de pronto, de los momentos más importantes de su vida, yo no sé si eso es verdad y no voy a morirme ahora para comprobarlo porque después no les puedo ni decir si era verdad o no, el caso es que, ahora que cumplí 50 añitos, traté de hacer un breve repaso de mi vida, tarea que abandoné a los 5 segundos porque no voy a malgastar el tiempo que me quede de vida recordando, sino viviendo.

El caso es que me dí cuenta de la importancia y trascendencia de algunos de mis recuerdos, de la selectividad con la que los he ido acumulando, del criterio elitista conque los almaceno, de la relevancia, en fin, de mis recuerdos. Y para muestra, un botón:

Tengo el recuerdo imborrable del momento, allá en los años 70, en que mi ex-vecina, una señora mayor, solterona, me llamó a su reja mientras yo pasaba por delante y me dijo en un susurro y con cara de angustia:

– No puedo seguir viviendo así.

Le dije: Pero..¿qué le pasa?

Y me contestó:

– Me pica el pipi.

 

Como ven, acumulo recuerdos importantes sin parar.

Los Recuerdos o Viva la Diferencia.

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Nunca he podido descifrar de qué están hechos los recuerdos.

Recuerdo un bolígrafo que me regaló mi mamá cuando estaba en Secundaria (High School, Bachillerato, como le quieran llamar) , después de eso he tenido cientos de bolígrafos, plumas, y todo tipo de artilugios para escribir, pero el día en que se me cayó aquél en medio de la calle 23, en La Habana, el alma se me partió en trocitos.

Porque era lo único nuevo y bello que tenía en mi vida, lo único que me hacía diferente.

Cuando yo era niña en Cuba, parecía que todos éramos iguales, pero no iguales en el buen sentido de la palabra, éramos iguales en compartir lo feo, las mismas ropas, los mismo zapatos, los mismos uniformes escolares, las mismas libretas, los mismos lápices, las mismas escuelas despintadas, las mismas calles destruidas, la misma vida, en fin.

Y desde esa experiencia puedo asegurar de que a pesar de que compartir lo feo une, en cierta forma, no conozco a nadie que no haya rechazado la vivencia.

En cambio, compartir lo bello, es tan lindo.

Y la diferencia es bella, porque nosotros, pobres seres humanos, por mucho que nos quieran encasillar, somos únicos, cada uno de nosotros es irrepetible, cada uno de nosotros es cada uno de nosotros, somos todos ejemplares únicos, borradores de nuestras propias vidas, incunables de nuestra existencia.

Joyas valiosas, vidas.

Y todas y cada una de nuestras vidas son diferentes.

Aunque parezca mentira cuando compramos productos Made in China.

PD: Dice Yuli, mi primera lectora,  que lo que acabo de escribir no es nada del otro mundo, que le sigue gustando mucho más “La Esquina de las Palomas” . Y en cambio, a mi me encanta. ¿Qué le voy a hacer?. Somos diferentes.